Algo que está en el aire.Texto de sala
“Nuestros cerebros no son cámaras, pero registran lo que no puede grabar un instrumento mecánico: un tono emocional”.
Siri Hustvedt, Los misterios del rectángulo.
Siri Hustvedt, Los misterios del rectángulo.
Si acordamos que mirar una pintura es una experiencia restringida, que se percibe de una sola vez y que difiere sustancialmente de escuchar música o ver una película —porque estas se experimentan en el tiempo—, estamos ante un problema. Porque las pinturas de Emiliano generan un desplazamiento: hay que ir hacia ellas, acercarse, acercarse, entrar. Hay que invertir tiempo y cuerpo.
Son paisajes aplazados. Pinturas realizadas a partir del recuerdo de algo visto o de escenas que se grabaron con tal intensidad que luego se pintan en el taller, manchando en simultáneo decenas de lienzos tensados sobre bastidor de madera.
¿Son paisajes? Son pinturas previsualizadas a través de ventanillas de autobuses. Composiciones construidas a partir del recuerdo: lo recientemente visto pero resuelto después, lo aprendido con rapidez. Como si la información hubiera sido captada en el aire.
Las pinturas de Emiliano hacen posible la imaginación. Nos acercan de nuevo a esa zona de la memoria que se nos escapa. Porque nadie puede dudar de que en el color hay emoción, o de que esta serie posee un tono emocional. Estas obras nos ubican en el eje del sentimiento, en esa línea organizadora en la que intentamos, como el pintor, crear un espacio seguro: la estructura física del recuerdo.
Algo que está en el aire presenta piezas de pequeño formato realizadas durante este año, en las que quizá podamos ser incluidos —es decir, que la pintura también nos mire— solo si entramos en contacto con algo que ya no está en cada pieza individual.
Guillermo Córdoba, abril de 2021